“No des perlas a los cerdos”
Muchos creen que “No des perlas a los cerdos” es solo una metáfora bonita.
Pero no lo es.
Es una advertencia directa de Jesús sobre la verdad y el ego.
Aquí la explicación que casi nadie entiende:
Mateo 7:6 dice:
“No deis lo santo a los perros.
No echéis vuestras perlas delante de los cerdos.
No sea que las pisoteen y después se vuelvan contra vosotros.”
Jesús hablaba con precisión, no con adornos poéticos.
No es crueldad. Es claridad.
La verdad, en manos del ego, se convierte en:
distorsión
ataque
separación
El ego no soporta lo que no puede controlar.
El cerdo no escucha.
El perro no distingue.
Así es el ego: incapaz de recibir la verdad. Por eso la deforma.
Jesús no dijo: “convéncelos”.
Dijo: no lo hagas.
No tires lo eterno donde será destruido.
Cuando alguien vive en ignorancia, egoísmo e indiferencia…
No quiere salir de ahí.
Y cuando les planteas la verdad, responden con ataque.
No para escuchar, sino para desacreditar.
La verdad no necesita difusión masiva.
Necesita hambre.
Solo el que tiene sed de ella puede recibirla.
Esto cambia por completo la forma de hablar.
No es tu tarea convencer.
Tu tarea es discernir:
¿esta persona realmente tiene hambre de la verdad?
Porque si no hay hambre…
La verdad será pisoteada.
Y después vendrán contra ti con odio.
Jesús lo advirtió.
Y sigue siendo real hoy.
En resumen:
No des lo sagrado a quien no puede recibirlo.
El ego no quiere libertad, quiere control.
La verdad solo puede habitar en quien está dispuesto a perder su mentira.
El mensaje de Jesús no fue poético.
Fue brutalmente práctico.
Y entenderlo es una de las claves más profundas de la vida espiritual.
No todos pueden recibir la verdad.
Y eso no es fracaso.
Es la naturaleza del ego.
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